No estás deprimido.
Solo necesitas apagar tu teléfono durante 24 horas.
Sin desplazamiento interminable.
Sin comparar tu vida con los momentos destacados de los demás.
Sin ruido, sin notificaciones, sin conexiones falsas.
Solo tú, aire real, una habitación tranquila y un libro perdido hace mucho tiempo.
Deja que tu cerebro respire de nuevo — eso no es depresión, solo es fatiga digital.
Pruébalo. Tu alma te lo agradecerá.