En un mundo donde el poder tiende a concentrarse, la riqueza se acumula en manos de unos pocos. No siempre los que tienen más trabajan más, ni los que menos tienen siempre tienen menos mérito o valor.
Pero hay quienes tienen buen corazón y alma pura y trabajan cada día con pasión y ardor. La riqueza que merece quien vive con honor es aquella que enriquece no sólo la billetera, sino también el corazón. La riqueza injusta es a menudo el resultado de sistemas y estructuras que favorecen a algunos a expensas de otros, mientras que la riqueza merecida es idealmente fruto del trabajo duro, la integridad y la generosidad. El desafío es crear una sociedad donde la riqueza sea accesible para todos los que contribuyen positivamente a la comunidad.