Muchas veces el problema no está en la entrada.

La idea tenía sentido. La zona estaba clara. El gráfico hablaba.

Entramos tranquilos, convencidos, incluso orgullosos.

Y luego… algo cambia.

Cuando estás dentro, el gráfico deja de ser análisis y pasa a ser emoción.

Cada vela pesa. Cada retroceso molesta. Cada mecha se interpreta como una amenaza.

Ya no miras contexto.

Miras el precio esperando que te dé la razón.

Y no es porque no sepas.

Es porque eres humano.

A nadie le enseñan a salir.

Aprendemos patrones, indicadores, setups “limpios”.

Pero nadie te prepara para:

cerrar en break even, aceptar una pérdida pequeña salir antes de lo que esperabas, o simplemente no hacer nada

Salir implica aceptar que no controlas el mercado.

Y eso duele más que perder dinero.

Muchas veces no mantenemos una posición por estrategia, sino por esperanza.

Y llamamos paciencia a lo que en realidad es miedo a equivocarnos.

El precio no sabe que entraste.

No le importa tu análisis.

No te debe nada.

Cerrar un trade no significa que lo hiciste mal.

Significa que tomaste una decisión.

Con el tiempo entiendes algo importante:

un buen trade no siempre acaba en beneficio,

y un trade en beneficio no siempre fue bueno.

Aquí no buscamos la salida perfecta.

Buscamos coherencia.

Salir cuando el plan lo dice,

aunque duela,

aunque parezca pronto,

aunque el ego proteste.

Porque esto no va de tener razón.

Va de durar.

Y durar, en este mercado, empieza muchas veces por saber cuándo irse.