DUSK no intenta mejorar los sistemas financieros existentes agregando más reglas, más validaciones o más capas de supervisión. El verdadero cuello de botella en los mercados reales no es la falta de controles, sino la fricción estructural que aparece cuando la infraestructura no fue diseñada para operar bajo condiciones reales de volumen, frecuencia y responsabilidad. En ese punto, la fricción deja de ser un detalle técnico y se convierte en el límite estructural que determina qué mercados pueden escalar y cuáles nunca llegan a existir.
En muchos entornos financieros, lanzar un nuevo mercado implica aceptar compromisos ocultos desde el inicio. Procesos lentos de liquidación, dependencias operativas externas, conciliaciones posteriores y carga humana constante terminan condicionando qué productos pueden ofrecerse, qué actores pueden participar y bajo qué márgenes económicos. Estos costos rara vez aparecen en la fase de diseño, pero acaban definiendo qué modelos de negocio son viables y cuáles quedan descartados antes de consolidarse.

DUSK cambia este punto de partida. Al integrar la lógica financiera directamente en el protocolo, la infraestructura deja de ser un obstáculo que debe compensarse con procesos adicionales y se convierte en una base estable sobre la cual pueden construirse mercados más complejos sin que el costo operativo crezca de forma desproporcionada. No se trata de optimizar un flujo existente, sino de habilitar flujos que antes no eran sostenibles desde el punto de vista operativo.
Cuando la infraestructura absorbe la complejidad, los equipos dejan de dedicar recursos a gestionar excepciones, reconciliaciones o dependencias externas y pueden enfocarse en diseñar productos financieros reales. Mercados que requieren alta frecuencia, participación institucional o condiciones estrictas de responsabilidad dejan de ser proyectos frágiles y pasan a comportarse como sistemas operativos estables. El mercado deja de ser una apuesta contra la infraestructura y se convierte en una consecuencia directa de su diseño.
DUSK no se posiciona como una red que promete más velocidad o mayor visibilidad como argumento central. Su aporte es menos visible pero más determinante: convierte la infraestructura en un habilitador silencioso que permite que los mercados funcionen cuando el uso deja de ser experimental y se vuelve sistémico. En mi opinión, esa es la diferencia real entre una red que demuestra posibilidades y una infraestructura que sostiene actividad financiera continua sin degradarse con el tiempo.
