A pesar del ambiente tan enrarecido que se respira en el mercado, de esos días en los que nadie quiere ni mirar la app por miedo a otro susto, Bitcoin logró ayer un rebote cercano al 11% y volvió a pararse por encima de los 70.000 dólares. No fue un salto elegante ni con música de victoria; fue más bien como la vaca que se resbala en el potrero, cae feo, pero se levanta sacudiéndose el barro y diciendo “todavía respiro”.

Ese movimiento, como era de esperarse, despertó a más de uno que ya estaba escribiendo el acta de defunción del mercado. Muchos empezaron a decir “ojo pues, aquí puede venir algo”, y se fueron a mirar los datos donde duele: la liquidez. Porque en cripto, como en el campo, no manda el discurso bonito sino la plata entrando.

Ahí es donde entra CryptoQuant, mostrando un dato clave: el flujo de stablecoins hacia los exchanges empezó a subir con fuerza. En palabras sencillas, es como ver los camiones cargados de concentrado llegando otra vez a la finca después de semanas de escasez. Eso suele interpretarse como que hay capital listo para moverse, no necesariamente para fiesta, pero sí para volver a jugar.

El analista conocido como Darkfost recuerda que a finales de diciembre de 2025 esos flujos estaban por el piso, con un promedio semanal de apenas 51.000 millones de dólares, reflejando la falta de apetito total que llevaba meses golpeando al mercado. Dicho en versión campesina: el ganado estaba flaco porque no había comida, ni ganas de invertirle.

Pero el cuento cambió. Hoy los datos on-chain muestran entradas cercanas a los 102.000 millones de dólares en USDT y USDC, medidos por la media móvil de 7 días. Eso ya no es una visita casual, eso es gente volviendo a arrimarse al corral.

Ahora, la pregunta que muchos hacen con ceja levantada es obvia: “¿Y entonces por qué el precio no se disparó como cohete?”

La respuesta es menos romántica y más realista. Porque la presión vendedora sigue siendo fuerte. Todavía hay mucha gente saliendo, cerrando posiciones, soltando el activo como quien vende ganado barato por miedo a que se enferme más. En ese escenario, la nueva liquidez no está empujando el precio hacia arriba, sino conteniendo la caída, absorbiendo golpes y evitando que el mercado se desbarranque otra vez.

Y ojo, eso no es malo. Al contrario. Como dice el propio análisis de CryptoQuant, es una señal positiva, porque muestra que el interés no se murió, solo estaba agazapado esperando mejores condiciones. El capital no se fue del sistema, simplemente se sentó a esperar que pasara el temblor.

Eso sí, para que $BTC realmente arranque una tendencia alcista sostenida, no basta con que llegue plata. Tiene que llegar más de la que están vendiendo, y eso no pasa de un día para otro. El mercado todavía está digiriendo exceso de oferta, como vaca empachada después de una buena comilona.

No todo el mundo, claro, compra este optimismo con los ojos cerrados. Hay analistas que siguen viendo el cielo nublado. Nic Puckrin, de Coin Bureau, advierte que si el soporte actual no se consolida, $BTC podría volver a buscar los 55.700 dólares. Y otros, como Barry Bannister de Stifel, se van todavía más abajo, hablando incluso de escenarios cercanos a los 38.000 dólares, si el contexto macro se pone pesado.

Esto deja una lección clara, de esas que en el campo se aprenden rápido: no basta con ver que llega comida al potrero, también hay que ver cuántos animales se están yendo.

Hoy el mercado está en plena pulseada. Unos capitulan, otros acumulan con paciencia. Las stablecoins entrando son como decirnos que la plata sigue ahí, esperando el momento correcto. Si ese flujo se mantiene en las próximas semanas, Bitcoin podría estar construyendo un suelo firme. Si no, el barro vuelve y el resbalón también.

Esto no es señal de fiesta, pero tampoco de funeral. Es un mercado sanándose a golpes, donde gana el que entiende el ciclo, no el que se deja llevar por la emoción del día. En cripto, como en el campo, el que corre sin mirar el terreno… termina de jeta en el suelo.

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