EL ABISMO DE LA COMPASIÓN
A veces, amar es el acto más violento del espíritu. Nos enseñaron a un Jesús de porcelana, pero yo te hablo del hombre que abrió su boca para GRITAR en medio del dolor y las lágrimas: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”.
Te hablo del Guerrero que sintió el sabor metálico de la traición y, aun así, no retrocedió. ¿Crees que el amor es solo silencio? ¿Crees que Jesús fue solo mansedumbre? ¡No! El amor que salva, primero duele. El amor que rescata, primero se desgarra.
¿Crees que no le dolió el silencio de Sus amigos? ¿Crees que no sintió tristeza cuando vio que aquellos a quienes sanó, ahora pedían Su cabeza? Su pecho explotaba al escuchar sus gritos llenos de odio. Su alma sangraba antes que Su cuerpo. En Getsemaní, el sudor de sangre no fue por miedo a los clavos... fue por el peso de cargar con la indiferencia de los siglos.
¡Jesús no fue a la cruz como una víctima derrotada! Fue como un Guerrero que sabía que el dolor era el precio de tu libertad. Sintió el látigo, sí. Sintió los clavos, sí. Pero lo que más sintió fue la indiferencia. Esa misma indiferencia que hoy sientes tú de los que más amas. Esa soledad que te quema el pecho... ¡Él la bebió primero!
¡Él gritó! No fue un quejido, fue un rugido de justicia contra las tinieblas. Vuelca las mesas de tu comodidad y empieza a ser un verdadero seguidor de Jesús. Quema la religión que no tiene cicatrices y busca ser abrigo, refugio del que más necesita.
Jesús tuvo el coraje de quedarse desnudo frente al mundo para que tú no tengas que esconder tu miseria. Él sintió el frío de la mesa vacía. Él sintió el juicio de los que se creen santos. Él escuchó el "crucifícale" de aquellos que ayer comieron de Su pan.
¿Te duele que te juzguen? A Él lo llamaron endemoniado. ¿Te duele la soledad? A Él lo abandonó hasta Su propio Padre por un instante eterno. Esa bronca que sientes, esa impotencia de darlo todo y recibir nada... ¡Eso es participar de Sus padecimientos! ¡Eso es llevar la marca del Rey!
¿Alguna vez has sentido que el dolor del mundo te rompe las costillas? Hay un lugar donde el tiempo se detiene... un lugar donde ya no eres tú, sino el eco de todos los que sufren. Yo estuve ahí. Estuve en el Huerto sintiendo el peso de cada traición que aún no había ocurrido. Sentí el frío de la mesa vacía de Job, el polvo del desierto de Moisés y el nudo en la garganta de Jeremías. No es un cuento; es una herida abierta que late en mi pecho.
¡Duele amar! ¡Quema sentir! Siento la tormenta del que camina a mi lado y su silencio me ensordece. Miro a los ojos y veo abismos de soledad que nadie quiere tocar. Le grité al Cielo: "¡Señor, quítame esto porque me siento morir!". Pero desde la Cruz, el Maestro me respondió con Su propio llanto: "No te lo quito, porque ese dolor es Mi motor en ti".
Yo veo Sus lágrimas en el Huerto, pero también veo Su bronca. La bronca de ver a Sus amigos dormidos mientras Él sudaba sangre. La bronca de ver a Su pueblo intercambiar la Verdad por unas monedas de plata. ¡La bronca no es contra la gente! ¡La bronca es contra el dolor que los tiene esclavos!
Ese coraje que sientes es el que te permite decir las verdades que otros callan por miedo o por quedar bien. Pero tú eres una Zarza Ardiendo: te quemas, pero no te consumes. Es la bronca de Jesús al ver a Lázaro muerto. Es el coraje de saber que, para resucitar a otros, primero tienes que morir tú.
Si sangro al escribir, es porque mis venas están conectadas al corazón del Rey. Si lloro sin consuelo, es porque duele la ceguera de quienes caminan hacia una perdición eterna. Tu llanto es intercesión: cuando dices que "no aguantas más", estás pariendo algo en el espíritu. No rechaces ese llanto. Lloralo, no lo guardes. No lo detengas más.
No busques entender mi fuego si no estás dispuesto a quemarte. He dado mi último aliento en cada palabra. He puesto mis guantes de oro para pelear contra la indiferencia. Porque al final, cuando ya no quede nada de mí... solo quedará Él. El único que entendió que morir por amor es la única forma de vivir para siempre.
¡Abandona el evangelio de algodón! Jesús tuvo el coraje de quedarse solo para que tú nunca lo estuvieras. Tuvo la bronca de volcar las mesas de los mercaderes y hoy quiere que tú lo hagas con quienes hoy se benefician y llenan los bolsillos con Su palabra, pero no la obedecen. No hay ningún sacrificio en ellos, solo les importa su comodidad.
El Verdadero Evangelio es dar sin esperar recibir. Si hoy te señalan, si hoy te juzgan, si hoy te han dejado solo... recuerda el grito de la cruz. No fue un grito de derrota, ¡fue el grito de VICTORIA!
No te rindas ahora, guerreras y guerreros del Rey. Si tu pecho arde, es porque hay un fuego que el mundo no puede apagar. Si hoy sangras, es porque tu pluma está mojada en la misma tinta que escribió la Redención. Da tu último aliento, dalo todo, vacíate por completo. Hasta que no quede nada de ti, solo quedará Su Gloria.
¡Jesús no ha terminado contigo! ¡La Verdad no se negocia!
EL RUGIDO DEL RESCATE
"Quizás te sientes pequeño en este universo infinito. Quizás sientes que tus heridas son demasiadas para ser sanadas. Pero escucha esta verdad: Escrito Está, Eran 100 obejas que el Pastor tenia, cien planetas creados por la mano de Dios. Pero al caer la tarde, el Pastor contó Sus ovejas y le faltó una.
Esa oveja... somos nosotros. Este planeta es la oveja número cien. El lugar por el cual el Rey del Universo dejó Su trono de gloria para bajar al abismo, al barro y a la soledad, solo para buscarte a TI.
¿Entiendes ahora por qué te duele tanto el pecho? No es debilidad, es el eco del Pastor cargándote en Sus hombros. No es derrota, es el proceso del rescate. Si hoy te arrodillas, que sea solo ante los pies de tu Creador, porque ante el mundo... ¡tú te mantienes firme!
No te rindas. Aunque el precio sea tu propia vida, recuerda que ya fuiste hallado. Tu dolor es el motor, tus lágrimas son el bautismo de tu nueva fuerza, y tu voz... ¡tu voz es el rugido que anuncia que el León está aquí!
¡Un solo Dios! ¡Un mismo equipo! ¡Y un solo rugido que ya se empieza a escuchar en cada rincón de este planeta recuperado!
Que el grito de tu cruz hoy sea:
Padre nuestro, venga a nosotros Tu reino.
Y hágase Tu voluntad en esta tierra así como en el cielo.
Hágase en mí solo Tu voluntad y sobre todo lo que amo.
Ven, interviene en mi vida, mi casa y mis finanzas, porque solo Tú conoces mis problemas, preocupaciones y necesidades.
Tú tienes el control. Tú escribiste mi destino.
Hoy te entrego todo, porque nada de lo que tengo es mío. Tú me lo diste por Tu amor y gracia.
Que Tu Santo Espíritu guíe cada paso. Enséñame a amar y servir como Tú lo hiciste.
Te ruego perdón por mi mal proceder. Entrego en Tus manos a mis enemigos, porque Tuya es la justicia y la venganza.
Pero te pido, como Esteban: no les tomes en cuenta su mal contra mí. Cambia sus corazones y que no se endurezcan como el de Faraón.
En el nombre de Jesús, mi amado Salvador. Amén.
https://youtu.be/J8oE6yX1Daw?si=e9h2QNDqgL4S23B3
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