đœ AsĂ se pierde la libertad⊠no de golpe, sino con maĂz gratis.
En una clase cualquiera, un alumno levantĂł la mano y le preguntĂł al profesor:
âÂżSabe cĂłmo se atrapan los cerdos salvajes?
La sala se riĂł, pensando que era una broma.
Pero el joven hablĂł en serio:
âSe pone un poco de maĂz en el suelo.
Los animales vienen a comer.
Vuelven cada dĂa.
Y mientras ellos disfrutan del maĂz fĂĄcil, alguien empieza a construir una cercaâŠ
primero un lado, después otro, hasta que sin darse cuenta estån rodeados.
Cuando se instala la puerta y se cierra, ya no saben vivir sin ese alimento gratis.
Corren, se desesperan⊠pero vuelven al maĂz.
Dejan de cazar, olvidan su instinto, pierden su libertad.
Y lo mĂĄs triste: terminan agradeciendo al que los lleva directo al matadero.â
El joven mirĂł al profesor y dijo:
âEso pasa con los pueblos tambiĂ©n.
Cada vez que aceptamos todo âgratisâ de los gobiernos, sin cuestionar, vamos entrando en la cerca.â
Uniformes, ferias, subsidios, transporte, festivales, dĂĄdivasâŠ
Lo llaman ayuda social, pero muchas veces es sĂłlo el maĂz que mantiene a la gente tranquila, dependiente y sin fuerza para pensar o emprender.
La verdad es que nada es gratis.
Siempre alguien paga: tĂș, yo, las futuras generaciones⊠con impuestos, con trabajo, con libertad.
â ïž El peligro no es el maĂz.
El peligro es acostumbrarse a él.
Si lo entiendes, compĂĄrtelo.
Si no⊠siĂ©ntate, come el maĂz y espera a que cierren la puerta.