Lo ocurrido en los últimos tres años ha empujado al mundo de regreso hacia una era en la que los fuertes dominan a los débiles. La idea de que el derecho internacional por sí solo podía proteger a las naciones se ha demostrado frágil, especialmente después de que Europa se sintiera directamente amenazada. Muchos países están comprendiendo ahora que el mundo en el que creían estaba construido sobre una ilusión y que la seguridad no puede externalizarse.